Desde el inicio de este proyecto de 53 imágenes tomé la firme decisión de no imponer mi opinión
personal, sino de crear obras que ofreciesen una representación fidedigna. Al realizar un retrato,
normalmente me permito formarme una opinión sobre el sujeto tanto de manera consciente como
inconsciente. Pero no es cuestión, como cabría pensar, de una opinión positiva o negativa; por el
contrario, se trata de cierta intuición sobre el aspecto y la actitud de dicha persona en
determinadas circunstancias. Esta opinión refleja mi elección del escenario, la iluminación y otros
dispositivos que ponen de manifiesto mi participación en el cometido artístico. Sin embargo, esta
estrategia no parecía apropiada para este grupo de personas, la Gente de Obama. Para mí, un retrato
fidedigno es una representación de la idiosincrasia y autenticidad de una persona. Refleja con
exactitud su pose, su indumentaria, los objetos que lleva encima, su expresión y el ambiente que
crea delante de la cámara. Para que estos retratos fueran, además de fidedignos, reveladores, pedí a
cada persona que trajese un objeto que dejase ver algún dato sobre su personalidad. Hubo quienes
trajeron un sombrero vaquero, un balón de baloncesto, una Blackberry o una agenda; otros no trajeron
nada, lo cual resulta ya de por sí revelador. Aunque Obama’s People compone un conjunto articulado
por un propósito común, traté de marcar las diferencias entre los personajes. Para ello decidí
prescindir del contexto lugar/tiempo y simplemente iluminar a cada sujeto sobre un fondo. De este
modo, el espectador siempre aprecia con toda nitidez los pequeños detalles que a menudo pasan
desapercibidos de manera inconsciente y que aportan las connotaciones familiares y al mismo tiempo
singulares del sujeto. Estos detalles habrían pasado inadvertidos si los hubiera fotografiado en su
casa o en el trabajo, pues las apreciaciones que generan se habrían perdido debido a la profusión de
mensajes que dichos entornos comunican de forma inevitable. En otras palabras, mi objetivo es que la
sensación que provoque en el espectador observar a estas personas se acerque más a una contemplación
prolongada que a una mirada fugaz. Los personajes adquieren más rotundidad, lo cual les permite
convertirse en sus propios símbolos. Y esto, básicamente, es la esencia de estos retratos. Nadav
Kander, Londres 2009