"Melchor Ortiz: la pintura sumergida" articula la obra de un pintor prácticamente desconocido en
torno al concepto de intrahistoria de Miguel de Unamuno. En el fondo profundo del mar continuo de
esa historia a pequeña escala se sitúa la pintura de Melchor, de por sí de naturaleza
acuática. Ese leitmotiv organiza su programa pictórico y recorre sin imposiciones sus etapas, que
van de la figuración a la abstracción por medio de una travesía expresionista de ardua búsqueda.
Melchor utilizó la pintura para dialogar con su conciencia e invita la espectador a dialogar con la
suya propia. Esta exposición parte de la idea de que la auténtica historia está en la vida
silenciosa de sus más humildes ejecutantes.